Ayer fue el cumpleaños de mi cuñada C, la de los ovarios de diamante. Vaya día que le dieron a la pobre. Ni más que se le ocurrió celebrarlo con su ¡suegra! y su padre (mi suegro). Mi marido y yo nos añadimos a última hora, cosas de mi Macario que le dio por autoinvitarse. Eso sí, previamente ya le advertí que nuestra comida la pagábamos nosotros porque su hermana no tenía por qué correr con ese gasto.
Yo no sé cómo mi cuñada tiene tanta paciencia. El día de su cumpleaños y no le dejaron comer tranquila. A ella y a mi Macario les sobran 20 kilos (a cada uno, no entre los dos) y no se le ocurre otra cosa a mi santo que sacar el tema en plena comida: "Jo, C, cómo te estás poniendo, ¿eh?. Pero, chica, a ver si te cortas que cada día estás más gorda. Mira L, ha perdido 20 kilos. Todo es cuestión de mentalizarse". A este siguieron más y más porque aquí todos metieron el cazo, menos servidora, que últimamente va conectada a Masa a todas las reuniones familiares y pasa de todo.
Conste que con 20 kilos de más, o los que tenga, mi cuñada iba guapísima de la muerte, que yo no sé en qué está pensando el capullo de su marido. A ver, a ver, con lo poco que él vale (ná y menos) dónde va a encontrar una mujer como ésa, y menos que le aguante sus tonterías (que son demasiadas). En cuanto a mi Macario, parece que va a parir trillizos y, encima, se le ha puesto una cara de albóndiga que... ejem, ejem.
Yo he tomado la decisión de no decir ni "mu" en ninguna de estas reuniones de pastores. Simplemente me limito a comer y a pensar en mis cosas. Da muy buen resultado, la verdad. Pero ayer me dio mucho coraje la situación y no pude menos que abrir la bocaza. "Si yo fuera tú, ahora mismo me levantaba de la mesa y mandaba a tomar por culo a esta panda de golfos y maleantes. Desde luego, qué poca vergüenza que tenéis, que no sois capaces de dejar a nadie tranquilo ni siquiera un día". Y después me dio por descojonarme de la risa como si me hubiera pimplado yo sola todas las botellas de vino del restaurante.
A mi marido se le puso la cara de "Haz el favor de no montar el numerito". Y a mí me dio más risa todavía, como si estuviera fumada o algo sí (juro que no). Y, total, ya puestos, me salió la vena feminista y terminé con "Santa paciencia que tienes, hija, te ocupas de tu marido, de tu hijo, de tu suegra, de tu padre. ¿Y tú, qué?, ¿cuándo te vas a ocupar de ti?". Y a mi cuñá también le entró la risa. Y las dos allí descojonándonos delante de suegra, padre, marido, hijo y hermano, como si estuviéramos colocadas o nos hubiéramos tomado un tripi en mal estado.
Fuera de bromas, o mi cuñada se lía la manta a la cabeza o la manta se la va a liar algún día. Tanta, tanta paciencia y abnegación no pueden ser buenas. Estas cosas suelen terminar o en depresión o en fuga con el butanero (aunque no tengas butano). Espero por su bien que sea lo segundo.
Feliz cumpleaños, C.
Yo no sé cómo mi cuñada tiene tanta paciencia. El día de su cumpleaños y no le dejaron comer tranquila. A ella y a mi Macario les sobran 20 kilos (a cada uno, no entre los dos) y no se le ocurre otra cosa a mi santo que sacar el tema en plena comida: "Jo, C, cómo te estás poniendo, ¿eh?. Pero, chica, a ver si te cortas que cada día estás más gorda. Mira L, ha perdido 20 kilos. Todo es cuestión de mentalizarse". A este siguieron más y más porque aquí todos metieron el cazo, menos servidora, que últimamente va conectada a Masa a todas las reuniones familiares y pasa de todo.
Conste que con 20 kilos de más, o los que tenga, mi cuñada iba guapísima de la muerte, que yo no sé en qué está pensando el capullo de su marido. A ver, a ver, con lo poco que él vale (ná y menos) dónde va a encontrar una mujer como ésa, y menos que le aguante sus tonterías (que son demasiadas). En cuanto a mi Macario, parece que va a parir trillizos y, encima, se le ha puesto una cara de albóndiga que... ejem, ejem.
Yo he tomado la decisión de no decir ni "mu" en ninguna de estas reuniones de pastores. Simplemente me limito a comer y a pensar en mis cosas. Da muy buen resultado, la verdad. Pero ayer me dio mucho coraje la situación y no pude menos que abrir la bocaza. "Si yo fuera tú, ahora mismo me levantaba de la mesa y mandaba a tomar por culo a esta panda de golfos y maleantes. Desde luego, qué poca vergüenza que tenéis, que no sois capaces de dejar a nadie tranquilo ni siquiera un día". Y después me dio por descojonarme de la risa como si me hubiera pimplado yo sola todas las botellas de vino del restaurante.
A mi marido se le puso la cara de "Haz el favor de no montar el numerito". Y a mí me dio más risa todavía, como si estuviera fumada o algo sí (juro que no). Y, total, ya puestos, me salió la vena feminista y terminé con "Santa paciencia que tienes, hija, te ocupas de tu marido, de tu hijo, de tu suegra, de tu padre. ¿Y tú, qué?, ¿cuándo te vas a ocupar de ti?". Y a mi cuñá también le entró la risa. Y las dos allí descojonándonos delante de suegra, padre, marido, hijo y hermano, como si estuviéramos colocadas o nos hubiéramos tomado un tripi en mal estado.
Fuera de bromas, o mi cuñada se lía la manta a la cabeza o la manta se la va a liar algún día. Tanta, tanta paciencia y abnegación no pueden ser buenas. Estas cosas suelen terminar o en depresión o en fuga con el butanero (aunque no tengas butano). Espero por su bien que sea lo segundo.
Feliz cumpleaños, C.


