domingo 28 de junio de 2009

36 años de paciencia.

Ayer fue el cumpleaños de mi cuñada C, la de los ovarios de diamante. Vaya día que le dieron a la pobre. Ni más que se le ocurrió celebrarlo con su ¡suegra! y su padre (mi suegro). Mi marido y yo nos añadimos a última hora, cosas de mi Macario que le dio por autoinvitarse. Eso sí, previamente ya le advertí que nuestra comida la pagábamos nosotros porque su hermana no tenía por qué correr con ese gasto.

Yo no sé cómo mi cuñada tiene tanta paciencia. El día de su cumpleaños y no le dejaron comer tranquila. A ella y a mi Macario les sobran 20 kilos (a cada uno, no entre los dos) y no se le ocurre otra cosa a mi santo que sacar el tema en plena comida: "Jo, C, cómo te estás poniendo, ¿eh?. Pero, chica, a ver si te cortas que cada día estás más gorda. Mira L, ha perdido 20 kilos. Todo es cuestión de mentalizarse". A este siguieron más y más porque aquí todos metieron el cazo, menos servidora, que últimamente va conectada a Masa a todas las reuniones familiares y pasa de todo.

Conste que con 20 kilos de más, o los que tenga, mi cuñada iba guapísima de la muerte, que yo no sé en qué está pensando el capullo de su marido. A ver, a ver, con lo poco que él vale (ná y menos) dónde va a encontrar una mujer como ésa, y menos que le aguante sus tonterías (que son demasiadas). En cuanto a mi Macario, parece que va a parir trillizos y, encima, se le ha puesto una cara de albóndiga que... ejem, ejem.

Yo he tomado la decisión de no decir ni "mu" en ninguna de estas reuniones de pastores. Simplemente me limito a comer y a pensar en mis cosas. Da muy buen resultado, la verdad. Pero ayer me dio mucho coraje la situación y no pude menos que abrir la bocaza. "Si yo fuera tú, ahora mismo me levantaba de la mesa y mandaba a tomar por culo a esta panda de golfos y maleantes. Desde luego, qué poca vergüenza que tenéis, que no sois capaces de dejar a nadie tranquilo ni siquiera un día". Y después me dio por descojonarme de la risa como si me hubiera pimplado yo sola todas las botellas de vino del restaurante.

A mi marido se le puso la cara de "Haz el favor de no montar el numerito". Y a mí me dio más risa todavía, como si estuviera fumada o algo sí (juro que no). Y, total, ya puestos, me salió la vena feminista y terminé con "Santa paciencia que tienes, hija, te ocupas de tu marido, de tu hijo, de tu suegra, de tu padre. ¿Y tú, qué?, ¿cuándo te vas a ocupar de ti?". Y a mi cuñá también le entró la risa. Y las dos allí descojonándonos delante de suegra, padre, marido, hijo y hermano, como si estuviéramos colocadas o nos hubiéramos tomado un tripi en mal estado.

Fuera de bromas, o mi cuñada se lía la manta a la cabeza o la manta se la va a liar algún día. Tanta, tanta paciencia y abnegación no pueden ser buenas. Estas cosas suelen terminar o en depresión o en fuga con el butanero (aunque no tengas butano). Espero por su bien que sea lo segundo.

Feliz cumpleaños, C.

domingo 14 de junio de 2009

Pero, ¿qué broma es ésta?.

No, no es que Saritísima se haya casado de nuevo vía exclusiva en el Hola. Es que servidora no puede con ciertas bromas y menos si le tocan el comer, que es una cosa muy seria y ya lo dicen las abuelas: "niña, con las cosas de comer no se juega".

No sé cómo he sobrevivido a tamaña tomadura de pelo sin reventar en sarcasmos. Sí, sí lo sé, que iba con unos amigos y me he tenido que comportar. Si voy sola me levanto de la mesa ipso facto y le meto la comida al cocinilla de las narices por donde amargan los pepinos, es decir, el culo.

Vayamos por partes, como diría Jack el Destripador. Yo no quería, pero venga, que sí, que para un día que están aquí, que si la ocasión la pintan calva, etc. Pues eso, unos amigos del Sur que pasaban por los Madriles y era de razón dejar el cansancio laboral para atenderles.

Primera opción: Zoo de Madrid. Pues sí, sí, me gusta mucho. Vale, vale, sin problemas. Que te lo crees tú, Gertruditas. Ola de calor, a tomar por culo la bicicleta y más el Zoo, que no hay ni un árbol ni una triste sombra. Uf, y con la ilusión que le hace a mi amiga, ¿cómo se lo digo yo para cambiar de planes?. Jopetas, estas cosas sólo me pasan a mí. Ay, ay, ay, venga a pensar y darle vueltas al coco, a ensayar delante del espejo maneras de decir sin molestar. Mira que nos complicamos la existencia. Ni más que en ésas me llamó ella y lo mismo de lo mismo: "Oye, Patri, mucho calor para el Zoo, ¿no?".

Segunda opción: Museo Thyssen. Ea, aquí hay aire acondicionado. No problem. Bueno, sí, que mi Macario es más de El Prado. Torció un poco el gesto pero, total, para un día que estaban por aquí... Pues eso.

Como yo soy de dejar todo para el último momento llegué tarde a la cita. A ver, que me levanté con muuucho tiempo para evitarlo y casi lo consigo si no llega a ser porque nos equivocamos con el tren y también, todo hay que decirlo, porque me empeñé en depilarme las piernas antes de salir. Cierto que no era para tanto, total que yo no tengo casi pelos, pero por si acaso. Ya se sabe cómo se las gastan estas cámaras de fotos modernas. ¡Te sacan hasta los pensamientos!.

El museo de p*** madre (¡nos ha fastidiado!, ¡que la baronesa es tonta, no te digo!). Llega la hora de comer. Venga, vamos a El Brillante a tomarnos un bocata de calamares con una cerveza bien fresquita (lo que hacemos los madrileñitos de toda la vida de Dios). A saber, el Brillante es un bareto o cafetería (no sé muy bien cómo definirlo) típico (y también algo mitificado) para tomar un bocata o tapear algo a mediodía. Pero no, fue que nos sentáramos en una terraza de un restaurante de cocina del siglo XXI.

¿Cocina del siglo XXI?. La madre que parió a Panete. Pedimos un bocadillo de chorizo y nos pusieron dos láminas delgadísimas con algo semejante a la panceta (no creo ni que fueran diez gramos). ¿Tortilla de patatas?. Sí, sí, pero desestructurada: huevo batido, con cebolla caramelizada en un vasito pequeño, pequeño. Lo mejor, la ración de bravas, seis patatitas de m***rrrda. Vamos, vamos, eso no servía ni para aperitivo.

¡No me fastidies!. Mucho portero, mucho vigilante, ¡mucha gilipollez!. Y yo, alma de cántaro, pidiendo por Dios y por todos los santos que se tratara de una cámara oculta. Venga, que ya está bien la broma, que salga de una maldita vez el camarero con un ramo de flores y mis amigos detrás partiéndose el pecho de los caretos que debo estar poniendo. Pero no.

Y yo pensando todo el rato en el bocata de calamares... Cago en tó, cago en la cocina del siglo XXI, cago... ¡Vaya que si cagué!. Entre la mala leche que se me puso y el calor que hacía me sentaron mal las cuatro viandas descompuestas que nos presentaron. Ea, que después de comer (por decir algo) ya no vi más cuadros que los azulejos del baño del museo.

Y mirando los azulejos no hacía más que acordarme de El Brillante, de lo mucho que me habría gustado enseñárselo a mis amigos, de lo que habrían disfrutado del ambiente, del cantar de las comandas de los camareros, de las tapitas sabor castizo... Otra vez será.

Fotos de la "comida":

Bocadillo de chorizo.
(Supuesto bocadillo de chorizo).

Tortilla de patatas.
(Supuesta tortilla de patatas)


Imágenes: mías y sólo mías.


domingo 7 de junio de 2009

Coche nuevo, machismo viejo.

Ea, tanta lata me estaba dando ya mi chico con el rooollo del coche que, por no matarlo, tuve que claudicar. "Venga, que sí, cariño, que nos metemos en un coche". Y me puse a buscar en Internet uno no muy subido de precio. Pero, sinceramente, se me cruzaron los cables y me lié la manta a la cabeza. A tomar por culo la bicicleta, joder, que siempre estamos comprando lo más baratito y modesto y así nos va. Ya ves tú, que pensaréis que me he comprado un Ferrari, ¿no?. Ni de coña, un Seat León como todo españolito pero, eso sí, NUEEEVO, no de segunda mano.

Yo no sé qué problema tenía mi Fiat Punto, pero los hombres son así de gilipollas y los amigos más aún. A mi maridín le tenían comida la moral en el trabajo. Que si tu coche es una zambomba, que si es un huevo, pero tira ya ese hierro... ¡Hijos de...!. ¡Si mi coche iba de puta madre!. Vamos, vamos, un reprise que tenía el bicho... si yo dejaba tirado a cualquier cristiano en los semáforos. Y qué duro era el tío. ¡Ay, qué momentos tan grandes que pasamos juntos!.

Pues no. Se le metió en la cabeza a la cuchipanda de mi chico que teníamos que cambiarlo. Conste que me resistí todo lo que pude y tenía controladito a mi marido. Pero no, llegó el Zapatero de los huevos con el plan 2000E (que luego es mentira cochina) y se me fue todo al traste.

En fin, me rendí. Eso sí, con condiciones. A saber, que el coche lo elegía yo sí o sí, que para eso soy la Ministra de Hacienda de la República Independiente de mi Casa y, ya de paso, la "entendida" en motores. Que no, que no, no es que entienda ná, pero es que mi Macario menos.

Y me encabezoné con el León. Mi Macario que el Córdoba, que el Altea, que su madre vestida de sevillana. Joder qué tío, qué batalla me dio. Menos mal que no es una marujilla y no dijo ni "mu" en su trabajo. Si no, me tengo que aguantar a toda su pandilla de vagos y maleantes metiendo el cazo.

Ainsss, y el viernes nos dieron el coche. Eché unas lagrimillas por mi viejo Punto y nos despedimos. Si tuviera pasta para mantener los dos coches me lo hubiera quedado. ¡Qué asco ser pobre!.

Mi maridín dijo que nos diéramos una vuelta para probar el coche y hacernos a los pedales. Conste que yo lo llevo mucho mejor que él. A la postre a mí no se me ha calado TRES VECES como a él, ni me da tirones. Si es que soy una crack, qué suavidad con los pedales. Vamos, vamos, para que luego digan.

"¿Nos pasamos a enseñarle el coche a mi cuñado?". Bueno, venga, dije que sí a pesar de los pesares. Ni puta gracia me hizo que mi cuñada se sentara en el asiento del conductor y se aposentara como si fuera suyo. ¡Qué mala hostia se me puso!. Pero menos gracia me hizo el niño de los huevos poniendo las manos en los cristales impolutos y los pies en la tapicería. ¡Aggg, joder, qué chocho que tiene la tía!. ¡Sujeta al puto crío, coño!. Se me ocurre a mí hacer eso con mi padre y me salta todos los dientes. Vamos, vamos, luego siempre con la chuminada esa de "si es que es un niño".

Para colmo ya me tuve que aguantar que el coche se lo había comprado mi marido. ¿Mi marido?. Me cago en tó, si la pasta es de los dos, no te jode. Ah, no, pero el coche es de él. Ya me lo dejó bien clarito un amigo de mi cuñado. "Pero, Jorge, ¿cómo le dejas a tu mujer conducir TU coche nuevo?". Al próximo que me suelte algo parecido juro que le monto el pollo del siglo.

¡Dios!, ¡cómo me jode!. Si sus mujeres son unas petardas dependientes... ¡yo no!. Valgo lo mismito que mi Macario y no necesito un esposo-papi que me solucione la vida, más que nada porque ya me arreglo yo mis cositas sin necesidad de molestar a nadie. ¡Qué daño hacen las esposas-chochonas!. Se piensan algunos hombres que somos todas iguales. Aggg...

Para más INRI, tuve que rozar un poquitín el coche al aparcarlo. Náaa, una micro picadura, que parece una cagá de pajarraco. Mi Macario, que es un sol, me dijo que no llorara (conste que lo hice de pura mala hostia), que también le podía pasar a él. Ya, ya, pensé yo para mí, el lunes cuando enseñes el buga en el curro te preguntarán por el picotazo y seré escarnio de todos tus compañeros, sobre todo del payasete de Juan Carlos, el más machista y repelente de sus amiguitos. Ya me lo estoy escuchando: "Si es que no sé para qué le dejas el coche a tu mujer". Será machista el tío...

sábado 6 de junio de 2009

Españoles discriminados.

Hablo con conocimiento de causa. Mi cuñada se quedó en el paro, agotó la prestación por desempleo y... ¡le retiraron la cartilla sanitaria!. Si me lo hacen a mí les meto un recurso de amparo por el culo. No me hubiera servido de nada porque ¡oh, sorpresa!, el derecho a la sanidad no está protegido con este supermegaguay recurso. Anda y jódete, María Manuela, y luego resulta que el derecho a sindicarte sí. A mí que me lo expliquen. ¿Será posible?. Lo es, lo es. ¡Cómo se nota que las leyes las hacen los políticos!. ¡Vaya panda de mierdas hijos de puta que son todos!. Sólo legislan para ellos.

Al tema, resulta que cualquier extranjero llega a este nuestro país con una mano delante y otra detrás y, nada más poner un pie en nuestra querida España, se le ofrece asistencia sanitaria gratuita. Pues está muy bien. Es un gesto humano excepcional. Ahora, que se niegue esa misma asistencia a los hijos de la patria... es para mear y no echar gota.

La liebre la ha levantado Esperancita Aguirre. Desconozco sus motivos pero ya dice el refranero que "a río revuelto, ganancia de pescadores". Pesquemos, pesquemos, a ver si con éstas logramos que la asistencia sanitaria GRATUITA sea para todos, empezando por los de aquí, que no es plan quitar de comer a los hijos para dárselo a los vecinos.

Es importante la solución de estas cuestiones y otras análogas por razones no sólo humanitarias sino también de seguridad interna. En esto se basa la ideología racista y no es extraño que aumente la fobia a la inmigración cuando los ciudadanos extranjeros tienen más derechos que los nacionales.

Así es más frecuente cada día oír en plazas y mercados quejas acerca de los derechos de los otros en detrimento de los propios. A saber, guarderías, colegios, becas, pisos de protección oficial, prestación por desempleo, trabajo y, para colmo, sanidad.

Se está poniendo el tema muy malito. La supuesta discriminación positiva se convierte en caldo de cultivo de prejuicios, sospechas y odios. Es de razón solucionar estos conflictos sociales antes que la sangre llegue al río. Se empieza por éstas y se acaba en las duchas de gas.

sábado 16 de mayo de 2009

La suerte del enano... (editado el 28 de mayo de 2009)

...que fue a cagar y se cagó en la mano.


El jueves por la mañana me despierta una llamada de ésas de muchos numeritos. O sea, un sitio oficial.


- ¿Patricia X?.
- Sí, soy yo. Buenos días.
- Buenos días. Mire, le llamo del Ayuntamiento de X en relación a la bolsa de empleo de X. Hay una baja y me preguntaba si estaría interesada en cubrirla.
- Sí, sí, cómo no.
- ¿Y cuándo puede empezar?.
- Ahorita mismo (jo, tía, si estoy en el puto paro desde ni me acuerdo).
- Bueno, pues véngase mañana a las 8:00 al ayuntamiento para firmar el contrato.
- Vale, vale.


Albricias, albricias, llamo a Dios y a su madre. Esto es, a todo cristiano que se me pasa por la cabeza, para comunicarles la buena nueva. Por fin un trabajo de los de contrato. Toma, toma, toma... Ay, esa cámara de fotos que tanto me gusta... ¡Va a ser mía!. Y puedo empezar a ahorrar para cambiar nuestro viejo coche. Además, tendré dinerito para cambiar las ventanas... Y así me monto el cuento de la lechera que, espero, no termine con el cántaro en el suelo.


De los nervios y la emoción no puedo casi dormir en toda la noche. No me cuesta levantarme nada porque las endorfinas hacen de las suyas. Estoy en una nube. Me siento la persona más feliz del mundo. ¡Una nómina para mí solita!.


En el tren a mi nuevo trabajo no paro de hacer fotos. Debo tener una cara de gilitonta impresionante. Da igual. Hoy es un gran día. Hasta llevo un bolígrafo especial para rubricar el contrato. Lo pienso guardar como oro en paño.


El ayuntamiento no abre hasta las ocho y media. ¿Cómo la pava de personal me ha citado antes?. Bueno, cosas de funcionarios, supongo. La espera se me hace intensa. Intento distraerme hablando con una Mari Pili que está en la fila de espera.


Por fin se abren las puertas. Cuarta planta. ¡Qué chica más maja que me atiende!. ¡Ya he firmado!. ¡Bien, bien, bien!. Jo, parece que me he tomado un tripi porque no paro de sonreír. Lo que tiene la felicidad es que no puede esconderse en ninguna parte.


Y me presentan al concejal que va a ser mi jefe. Un tío majo y simpático donde los haya. ¡Y me lleva en su coche a mi destino!. ¡Yo flipo!.
Y entramos en el colegio.


- ¿Pero tú que haces aquí, Trini?. ¿No estabas de baja?.
- Ay, no, Javier. Es que en mi casa me aburría y he pedido el alta voluntaria.
- Pues esta chica acaba de firmar el contrato para sustituirte.


Mi gozo en un pozo. Si las miradas matasen la Trini ya estaría en el depósito de cadáveres. Tía putaaa, ¿qué te aburres en tu casa?. ¡Yo te mato!. Serás asquerosa, detestable, despreciable, guarra, cochina, puerca, repelente... ¡Mal rayo te parta a ti y a toda tu descendencia!. Pero hija de satanás, ¿cómo me haces esto?. Bruja, lagarta, bicho, arpía, cacho víbora... Así revientes de trabajar.


La Trini, esa especie de mujer hipócrita, intenta hacerse la simpática conmigo mientras el concejal, que no sabe dónde meterse, habla con Personal para que intenten recolocarme en algún otro sitio.


- Ay, hija (yo no soy tu hija, tía asquerosa), es que yo vivo aquí al ladito y, ya ves, pues me doy un paseo y echo el día (¿qué no tienes nada mejor que hacer, cacho bruja?).
- Ya, ya...
- Ahora, estoy malísima, tengo tal y cual y más (tía, puta, y si estás tan mala, ¿por qué te das el alta voluntaria?). Pero es que aquí por lo menos estoy entretenida porque no sabes lo mal que se pasa en casa todo el día (no lo voy a saber, no lo voy a saber, si llevo casi tres años en el paro de los huevos). Y, la verdad, aquí hay trabajo pero nada de pico y pala, no te vayas a pensar. La mayor parte de la jornada te la pasas hablando con unos y con otros (claro, claro, las tertulias de la Campos, no te fastidia). Tú tranquila, si tampoco te has perdido nada. Además, que los jóvenes os podéis colocar donde vosotros queráis (sí, que te lo crees tú; ahora me vas a venir con pañitos calientes, ¡putaaa!; si no hubiera tanta Mari Pili en la administración sí que nos colocábamos).


- Pues nada, Patricia - me dice el concejal con cara de apuro- que esta señora no nos había comunicado que estaba ya en su puesto de trabajo y, bueno, estooo, que he intentado que te coloquen en otra parte perooo, buenooo, ya sabes como está el tema y, claro, pues, yo por mí te quedabas, ¿eh?, pero los de Personal, buenooo, estooo, que no puede ser...


Hala, Patricia, vuélvete a Leganés. ¡Qué mala leche se me ha puesto!. No atino a sacar el billete de tren de vuelta. Tengo que llamar a mi marido para desahogarme. Mi Macario a estas horas está durmiendo porque es San Isidro y no trabaja. Me manda a la porra, que ya me vale despertarle para un día que no tiene que madrugar. Al final, de la rabia, la impotencia y la mala leche, termino llorando yo sola en el banco de la estación. Tendría que haberle dado una hostia o una mala contestación a la Trini y, a lo menos, me hubiera quedado tranquila y relajada. Sí, sí, a la próxima lo hago, que luego la que se lleva los berrinches soy yo. Es lo que tiene quedarse las cosas dentro, que al final te explotan en las narices. Si me hubiera acordado de toda su parentela no me pasaría esto. Joder con la Trini, qué poca vergüenza, seguro que el lunes ya está de baja otra vez la tía petarda. Y será de las que van dos días sí y dos no a trabajar pudiendo otra persona ocupar su puesto.


Luego dicen que no puede ser que todo lo malo me pase a mí. ¡Pues que venga Dios y lo vea!. Pero Dios tiene cosas más importantes que hacer. En fin, a recomponerse y otra vez será.

Olé, olé y olé. Y otra vez ha sido, que a la semana siguiente me volvieron a llamar y ¡ahora sí!. Ea, que estoy currando en un cole supermegaguay, más contenta que unas castañuelas. A ver si dura.